domingo, 3 de enero de 2010

Sed de sangre

Feliz año 2010 xDD. Ya llevais un año aguantándome -Si es que seguis haciéndolo-, y eso es mucho xD. Sobre todo, teniendo en cuenta lo vago que soy. Pensé que este blog acabaría muerto, como todos los que tuve que crear para clase.

Os dejo con la historia. Por lo visto, los vampiros de ahora ya no buscan doncellas a las que morder su cuello y beber su sangre... Así que toman el testigo los humanos xD
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Llora, llora, mi dulce dama. Que las lágrimas bañen tu rostro.

Manaba sangre de aquel corte, hecho con precisión, en su brazo. Su pálida piel se abrió con facilidad al entrar en contacto con el filo de plata que mi mano sostenía. Disfruté unos instantes del momento antes de probar aquel líquido mortecino, tan delicioso. Bebí aquella exquisita bebida bajo la atenta mirada de ella. Sabía que, pese a las drogas, ella estaba consciente.

Pobre ilusa. Haciendo más caso a sus delirios de fama y grandeza que a la razón, cayó en cada una de mis mentiras. Ahora que sus ojos veían la verdad, lloraban. Reflejaban el miedo, la desesperación. Su mirada azul sería el único recuerdo de aquel cielo azul que nunca volvería a ver.

Grita, grita, mi dulce doncella. Que nunca deje de escuchar tu voz en mi cabeza.

El dolor era insufrible ya, pese a las drogas. El dolor que le causó mi segunda puñalada, guiada por mi ansia y mi sed de sangre, debió de parecerle insoportable. Mi daga abrió su pecho, atravesando su corazón. Cansado de esperar que su flujo continuo me diese mí alimento, decidí ir a su fuente.

Su voz se acalló. Sus ojos dejaron de brillar. Sus labios dejaron escapar su último suspiro. Ella estaba muerta. Besé su fría mano, su gélida boca. Cerré sus párpados. Admiré su hermosa figura. Sin duda, era un delicioso manjar.

Muere, muere, mi dulce diosa. Que tu cuerpo y tu sangre me alimenten.

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martes, 1 de diciembre de 2009

Humo

Creo que este año suspenderé Filosofía... xDD
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Ella corría por las calles de Barcelona, su pelo negro ondeando al viento. Sus oscuros ojos miraban con miedo. Se chocó con dos personas, cayó al suelo. Le dolían todos los músculos del cuerpo. Y seguía corriendo, huyendo de algo que nadie más alcanzaba a ver.

- ¡Aléjate de mí! –gritó ella con su voz aguda.

La gente de la Rambla la tomó por loca. Nadie la seguía. Ella se preguntaba si era la única que podía ver a aquel ser de ojos amarillos y consistencia del humo. Se preguntó si aquel ser realmente existía, si era fruto de su imaginación. No se atrevía a detenerse y comprobarlo.

Se alejó de las calles principales. Giró a la izquierda, a la derecha, de nuevo a la izquierda… Acabó en un callejón, apenas iluminado por la anaranjada luz del crepúsculo.

Y aquel ser de ojos amarillos le cerraba el paso. Ella gritó, pidiendo auxilio. Nadie vino. Ella se dejó caer, llorando. La criatura no se detuvo. La cubrió con su cuerpo hecho de humo. Y desaparecieron.

Nadie recordaría a aquella chica que corría por las calles de Barcelona, tratando de huir de su propio destino.
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domingo, 29 de noviembre de 2009

Ejecución, II

Gracias, San, por la inspiración xD

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Y allí estaba. Indefenso. Atado. Cegado. Torturado. Su vida en tus manos. No lo conoces de nada, y sin embargo tu arma acabará con él. Nada de balas falsas o reales. Segarás su vida.

Tu general se acerca a él. Susurran unas palabras. Se aleja del condenado riéndose. Alza la espada. Disfruta del momento. Un minuto… Dos... Bajó la mano, cortando el aire. Tu mano tiembla, pero no aprietas el gatillo.

No hizo falta llegar a tanto. Está muerto. Tres agujeros de bala en su pecho. Uno en el centro. Otra le perforó el pulmón. La tercera, el corazón. De los tres orificios manaba sangre.

Los soldados recogen sus armas. Ninguno habló. El general se acercó a vosotros, felicitando vuestro trabajo.

—Mi general, con vuestro permiso—Preguntas—. ¿Cuál fue su último deseo?

El general se rió con ganas.

—Que fuese rápido—Respondió.

Y la furia te corroe por dentro. Se burló de él. Lo torturó.

Armas tu fusil. Apuntas. La bala le atravesó la cabeza. Se desplomó.

Se abalanzan sobre ti. Alguien grita. Estas arrestado. Morirás mañana, al amanecer.
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jueves, 26 de noviembre de 2009

Destello de plata

Para ella
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Destello de plata. Rio de sangre. Temor. Dolor

Muerte.

El brillo de sus ojos te enmudece. Tus propios ojos te miran. Te odian. Él te odia, aquel que se esconde en ti. Aquel que eres, aquel que no eres. Aquel que se llevará tu vida. Aquel que te lanzará a un vació infinito.

Aquel que blande un cuchillo de plata manchado de sangre. Su sangre. Tu sangre.

Ves cómo agoniza. Ves cómo muere. Ves cómo una parte de ti desaparece. Sonríes, bañando una vez más aquel filo plateado con tu propia sangre.

Caéis en la oscuridad. Morís…

Despiertas. Pasas la mano derecha por tu frente sudorosa. Todo fue un mal sueño.
Te levantas de la cama. Tu mano izquierda blande un cuchillo de plata…
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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Valor.

Sí, Raquel, yo en las clases me voy a mi mundo xD.
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En la oscura noche sólo se escuchaba el sonido del acero golpeando al acero. Dos ejércitos se enfrentaban, unos tratando de defender sus tierras de los invasores. Y perdían.

Franz luchaba por salvar su tierra y su vida junto a su mejor amigo, rodeados del ejército enemigo. Ambos veían como sus compañeros caían, uno tras otro.

Tocaron retirada. Los soldados corrieron a la fortaleza, tratando de salvar sus vidas. Los invasores gritaban, celebrando su victoria. Muchos de ellos corrían para tratar de alcanzar a los que huían, lanzando estocadas al aire. Seth tiró de Franz, sacándolo de aquel encierro. Corrían repeliendo los ataques de sus perseguidores.

— ¡Ya queda poco! —gritó Seth, bloqueando otra estocada. El puente del castillo estaba a apenas unos metros.

Y entonces silbó una flecha perdida. Seth cayó. Franz se detuvo junto al cuerpo de su mejor amigo, ahora agonizante. Junto a él aparecieron algunos de los compañeros de armas de Seth. Los restos de aquel grupo que se alistó unido. Casi hermanos.

—Dejadme—dijo Seth, con sus últimas fuerzas—. Salvaos.

Franz gritó. Su mejor amigo ahora yacía frente a él, muerto. Le ordenó a alguien que lo llevase adentro. Ni se fijó en quien era. Sólo una cosa ocupaba su mente.

Se puso de pié, con la espada en la mano. Volvió a gritar con todas sus fuerzas, antes de volver a lanzarse contra el invasor. Sus compañeros, sus hermanos, lo imitaron. Debían de ser unos siete hombres, pero el enemigo se veía superado.

Los defensores del castillo, inspirados por el valor de aquellos hombres, abandonaron su refugio para unirse a la batalla, para expulsar a aquellos invasores. El enemigo, creyéndose vencedor, apenas tuvo tiempo de reorganizarse. Pronto se dieron cuenta de que aquella batalla estaba perdida.

Porque el valor de unos pocos podía transformar la derrota en victoria.
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